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PASABA POR AQUÍ

Irreversiblemente Aute

No puedo ocultar mi debilidad por Aute. De hecho, mi blog se titula “Pasaba por aquí” en honor a una de sus más célebres canciones.

 

Dicen que hay momentos que marcan un antes y un después, y la verdad es que Aute consiguió que anoche fuera uno de esos momentos. No era la primera vez que tenía la oportunidad de contemplar al maestro encima de un escenario. Ya había asistido a dos conciertos suyos con anterioridad, en Torrevieja y en Alicante. Pero anoche había algo especial.

 

Tal vez, mi privilegiada butaca, que lo suyo me costó conseguir todo sea dicho (fila 1 del patio de butacas), me ofrecía un punto de vista diferente y sin duda más cercano. Pero es que, hay que reconocer que Aute ha sabido mimar y aprovechar su voz, y con el tiempo no hace otra cosa más que mejorarla. Ya lo comentaba antes del concierto a algunos conocidos: “Ahora canta mejor que cuando era más joven, lo vais a comprobar”. Y es cierto.

 

Fue cierto. Anoche lo demostró. Aute ofreció un recital de 3 horas, dedicado a Miguel Hernández “poeta del pueblo en el Centenario de su nacimiento”, en las que no le dio tiempo a repasar todas sus grandes canciones, ¡es que son tantas! Es lo que tiene ser un compositor con una trayectoria tan extensa, sus más de 30 discos editados así lo avalan. Y eso que según dice él, donde realmente se siente a gusto es delante de un lienzo.

 

Aute anoche no fue invisible, y eso que lo intentó abriendo el concierto con la banda en el escenario y él cantando entre bambalinas. Un gran acompañamiento por cierto, que constaba simplemente de guitarra, teclados y percusión.

 

Entre humos, luces y sombras, nos introdujo en su laberinto de canciones en forma de espiral del que nadie, pudo escapar, y canción tras canción se podía escuchar como los asistentes intentaban solapar la voz del artista susurrando de memoria todas las letras.

 

Un taburete y una copa de vino le bastan para embelesar al graderío con sus temas. Y lo demostró en el segundo bis de la noche, cuando algunos ilusos se disponían a abandonar el Teatro, Aute regresó, esta vez solo, al escenario y con guitarra en mano y de lenta carrerilla repasó al menos una decena de sus temas más clásicos, aquellos que no pueden faltar: Anda, Las cuatro y diez, La belleza, De alguna manera,... Memorable final cantando “a capella” su célebre y archiconocida Al Alba.

 

Poco más puede uno decir de un concierto que le dejó sin palabras y con una sonrisa tontuna toda la noche. Bueno sí. ¡Viva la Revolución Maestro!

 

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