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Euroelecciones

A cuatro meses escasos para la celebración de las próximas elecciones al Parlamento Europeo conviene hacer un análisis pausado sobre la importancia de esta cita con las urnas. Es cierto que entre la ciudadanía española ha existido siempre una especie de euroescepticismo, en el sentido de que se le otorga escasa importancia al Parlamento Europeo. Seguramente la causa de esta desafección radica en que el llamado Parlamento dista mucho de ser una verdadera cámara legislativa.

Debemos indicar, en primer lugar, que la Unión Europea no es más que la sucesión de diferentes Tratados Internacionales que desembocaron en el Tratado de Lisboa (2009) y que agrupa actualmente a 28 Estados. La convivencia de estos 28 Estados no es sencilla y, muchas veces, tampoco pacífica. Además, cada vez más gente tiene claro es que la actual arquitectura económica y política de la Unión Europea (UE) tan sólo beneficia a unos pocos. Y es que el proceso de construcción europea que desde principios de los años 90 se nos vendió por parte de los grandes partidos y la mayoría de los medios de comunicación ha demostrado ser una farsa, tal y como algunas voces ya nos avisaron entonces.

La UE realmente existente es un complejo entramado burocrático en el que casi todo está atado y bien atado. De las siete instituciones que componen la Unión (Parlamento, Consejo Europeo, Consejo, Comisión, Banco Central, Tribunal de Justicia y Tribunal de Cuentas) sólo una de ellas es elegida directamente por sufragio universal entre todos los europeos: el Parlamento. El resto de los centros de poder los manejan los llamados “hombres de negro”.

La evolución de la UE en los últimos años se puede describir como la plasmación empírica de las tesis neoliberales de la Escuela de Chicago, cuyo mayor exponente europeo es Ángela Merkel, pero de las que ni el “socialista” Hollande escapa. La aplicación sistemática de políticas antisociales han convertido a Europa en el caldo de cultivo ideal para el ascenso de la ultraderecha xenófoba y clasista. Lo vemos incluso en países que aspiran a formar parte del ansiado “club”, como Ucrania, donde un levantamiento protagonizado por movimientos de corte claramente nazi ha tomado las calles enarbolando la bandera del europeísmo. Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional de Marine Le Pen son otros ejemplos. En España, la Unión Europea se ha convertido en una excusa, la excusa perfecta para justificar los salvajes recortes que poco a poco están acabando con nuestros derechos.

En esto se está convirtiendo Europa. Es lo que pretendían, no nos engañemos. Y precisamente por eso tenemos la oportunidad de demostrar que queremos otra Europa. La única forma de hacerlo es que el pueblo europeo dé la espalda a las fuerzas políticas que representan esta Europa de la desigualdad en las elecciones de mayo. Para ello tenemos ejemplos de dignidad en otros pueblos del Mediterráneo. Siryza, en Grecia, representa la esperanza de que un futuro protagonizado por los pueblos y no por los mercados es posible. Traslademos a toda Europa ese ejemplo.

 

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