Decía Julio Anguita en uno de sus libros “la semana santa no me la creo pero la respeto”. Yo no voy a ser más, por lo que no voy a entrar a opinar de lo adecuado de tal manifestación religiosa. Pero una cosa está bien clara, y es que en Orihuela, la Semana Santa invade durante más de una semana nuestras calles. Calles por las que trascurren las procesiones: 1 viernes; 2 el domingo; 1 lunes y martes; 2 miércoles; 2 el jueves; otra el viernes; otra el sábado. De ésta última, la del sábado, hay mucho que hablar, porque en Orihuela la separación entre poder civil y religioso no se ha hecho todavía efectiva, pero bueno, otro día.
Hasta once procesiones si no me falla la cuenta. Y la gran mayoría de ellas comparten recorrido. Y a lo largo de todo el recorrido, como seguramente sea normal, se colocan sillas, para que la procesión se soporte lo mejor posible. Lo que ya no me parece tan normal es que los abonos de las sillas se hereden, sí se heredan, de padres a hijos, a primos, a amigos, a quien sea, todo menos dejar perder el abono, y es lógico. Porque si eres el afortunado de tener un abono y lo dejas perder, seguramente nunca más tendrás en tu poder uno de similares características. Ah! Se me olvidaba, es que si tienes un abono, te sientas todos los años en el mismo lugar, a la izquierda de fulanico y a la derecha de menganico, otra más de las ranciedades de Orihuela. Bueno eso de que te sientas siempre en el mismo lugar, pues depende, porque hay muchas maneras de dar las curvas, y los encargados de las sillas son unos artistas en hacer hueco en determinados lugares para Don pepito o Don culito, “que para hoy le hacen falta dos, o diez sillas más”. La cuestión es hacer negocio.
Pues eso, que si por lo que sea, quieres pillarte unas sillas para ver las procesiones, lo vas a tener complicado, amigo. Bueno miento, lo mismo y por hacerte un favor te consiguen unas en vete tú a saber que lugar, pero que cuando pase la procesión tu hijo llevará 3 horas durmiendo. Porque eso es otra, la gran mayoría de la gente va por los caramelos, y eso es así. Si quitan los caramelos a las procesiones no iría ni la mitad de gente.
A lo que íbamos, que lo de los abonos de las sillas me parece un escándalo. No son pocas las ciudades que con Semana Santa y con más visitantes que la de Orihuela, para sentarte, pues uno madruga, no digo que ese sea el mejor sistema. Pero sin duda que el de Orihuela es una barbaridad. Dirán que en otros espectáculos también siguen el sistema hereditario, pero hace muchos años que las plazas de toros, por ejemplo, no se llenan, y no voy a ser yo el que compare la Semana Santa con los toros. Otros y beatos, pruebas hay, lo han hecho.